Cuentos de todos los tamaños, extractos de novelas y anotaciones varias, por Manuel Fuego.
lunes, 8 de febrero de 2016
Tita
Me despertó mi hermana, casi ahogada entre llantos diciendo que Tita se estaba yendo. En un segundo devoré la escalera y me senté a su lado, en mi cabeza se destruían ciudades. Me miró una última vez con sus ojos verdes oscuros, siempre los encontré tan bellos, como un paisaje puro sureño. "Cómprate un bosque y piérdete" siempre me decía riendo; con gusto me perdería ahora en la profundidad de sus ojos. Fuertes temblores empezaron a sacudir su débil cuerpo, los que fueron disminuyendo a medida que sus palabras se desarticulaban en un murmullo constante de amores infinitos... hasta que sus ojos quedaron fijos, quizás observando el lugar por donde su vida escapó de ese cuarto. Le grité que volviera, que todavía había tiempo, pero ya había sufrido demasiado, incluso para mi amor egoísta. Un segundo después las palabras se destruyeron en mi garganta y mi voz herida pareció retraerse en un túnel solitario, dejando una estela de oscuros sonidos guturales en reemplazo, mientras me perdía en un remolino de náuseas, ahogo y desesperación, que mis manos agarradas firmes a la cama no pudieron evitar. Lo que quedó de mí salió al jardín, respirando hilos de aire espeso, mientras que mis sentidos embotados me señalaban lamentos familiares lejanos, que no logré distinguir. Así me quedé durante un tiempo sin cuenta, mirando al vacío que dejó esa noche.
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