lunes, 8 de febrero de 2016

Progreso



Un día notó algo raro, le pareció que cada vez veía menos como él en las calles. Deseó fuese su imaginación, quizás alguna crisis momentánea, mas lo cierto era que paulatinamente su clase desaparecía.
Vivió en angustia permanente, hasta que se vio solo. Fue único, único y pasó el tiempo, no supo cuánto.
Una mañana entró al banco, ahí lo agarraron. Sin decirle nada lo llevaron a una habitación; habían otros allí, los últimos de su raza: viejos, sucios, amarrados... Entonces se doblegó en desolación, comprendiendo el inexorable final.
Se terminaba así, la existencia del billete de 500 pesos.

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