Tarde tibia. No tardo mucho en sentir la
primera gota de lluvia que humedece mi cara. Siempre llueve cuando estamos
juntos.
Junto valor y la miro con mi mejor cara de
circunstancia, sin embargo no responde. Trato de recordar, pero ya olvidé desde
hace cuánto que no responde.— ¿Será que lloras de alegría al verme? —finalmente pregunto, mientras acaricio la húmeda alfombra viva que la protege, sin esperar respuesta bajo su eterna lluvia.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario